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¿Qué podemos concluir realmente cuando una manifestación pierde asistentes?

(Serie: «Para adolescentes»)

El verano comenzaba a apagarse lentamente. El calor seguía siendo agradable, pero el sol ya descendía antes sobre el horizonte y las sombras de los árboles parecían alargarse un poco más cada tarde.

Agus y Tina caminaban por el parque sin prisa. Hacía ya tiempo que ninguno de los dos necesitaba buscar un tema de conversación. Bastaba con pasear juntos para que cualquier detalle despertara una nueva pregunta.

Al llegar junto a un banco de madera, Agus reparó en un periódico cuidadosamente doblado. Lo recogió por simple curiosidad.

Agus: Parece de hoy.

Lo abrió. La portada estaba ocupada casi por completo por una enorme fotografía aérea de una manifestación celebrada pocos días antes. Bajo la imagen, un gran titular destacaba un dato que llevaba varios días apareciendo en los medios de comunicación: la asistencia había sido claramente inferior a la registrada durante los años de mayor movilización.

Agus permaneció observando la fotografía durante unos segundos. Después sonrió con la seguridad de quien cree haber entendido la situación.

Agus: Pues parece bastante evidente.

Tina: ¿El qué?

Agus: Que la gente ya no apoya esa causa como antes. Tina no respondió inmediatamente. Siguieron caminando unos metros mientras Agus continuaba mirando la portada. Finalmente habló.

Tina: ¿Puedo hacerte una pregunta?

Agus: Claro.

Tina: Imagina que esa fotografía acaba de llegar de un país lejano del que no sabes absolutamente nada. Ni conoces su historia, ni su política, ni las reivindicaciones de esa manifestación. Solo tienes delante esa imagen. ¿Qué podrías afirmar con total seguridad?

Agus volvió a mirar la fotografía. Esta vez tardó bastante más en responder.

Agus: Pues… que hay una manifestación.

Tina: Sigue.

Agus: Que parece bastante numerosa.

Tina: ¿Algo más?

Agus comparó la imagen principal con las pequeñas fotografías de años anteriores que aparecían junto a ella.

Agus: También podría decir que hay menos asistentes que en esas otras fotografías.

Tina: Bien.

Esperó unos segundos.

Tina: ¿Algo más?

Agus volvió a recorrer la imagen con la vista.

Agus: No.

Tina sonrió.

Tina: ¿Te das cuenta de que hace apenas un minuto estabas completamente seguro de saber por qué había menos asistentes?

Agus frunció el ceño.

Agus: Es verdad… Ahora solo puedo decir que hay menos. No por qué.

Tina asintió con satisfacción.

Tina: Acabas de descubrir una diferencia muy importante.

Agus: ¿Cuál?

Tina: La diferencia entre observar un hecho… e interpretar su significado.

Agus volvió a mirar la fotografía.

Agus: Entonces, cuando he dicho que la gente ya no apoyaba esa causa…

Tina: …no estabas describiendo la fotografía.

Agus: Estaba intentando explicarla.

Tina: Exactamente.

Durante unos instantes ninguno de los dos habló. Solo se escuchaba el rumor de una fuente cercana y el canto de algunos mirlos escondidos entre los árboles.

Al cabo de un rato, Agus rompió el silencio.

Agus: Pero reconocerás que mi explicación parece bastante razonable.

Tina: Puede serlo.

Agus: Entonces…

Tina: La pregunta interesante no es si parece razonable. La pregunta interesante es si es la única explicación posible.

Agus abrió la boca para responder. Pero volvió a cerrarla. No estaba tan seguro.

Tina: Vamos a jugar.

Agus: ¿A qué?

Tina: Imagina que somos investigadores. Nos entregan una única información.

Tina señaló la fotografía.

Tina: «Este año han asistido menos personas.» Nada más. Sin noticias. Sin opiniones. Sin entrevistas. Sin redes sociales. Solo ese dato. ¿Qué explicaciones podrían ser compatibles con él?

Agus empezó a pensar.

Agus: Bueno… Puede que algunas personas hayan dejado de apoyar esa causa.

Tina: Perfecto. Una posibilidad.

Agus: También podría ocurrir que hubiera dos manifestaciones distintas y los asistentes se repartieran entre ambas.

Tina: Muy bien.

Agus: O que muchas personas compartan las mismas ideas, pero prefieran expresarlas de otra forma.

Tina: Continúa.

Agus: Quizá coincidía con otro acontecimiento importante. O con un fin de semana de vacaciones. O con un cambio de recorrido. O con un día de muchísimo calor.

Se quedó pensando unos segundos más.

Agus: Incluso podría ocurrir que algunas reivindicaciones ya se hubieran conseguido y parte de la gente sintiera menos necesidad de acudir.

Tina sonrió.

Tina: ¿Cuántas explicaciones llevas ya?

Agus empezó a contarlas con los dedos. Después soltó una pequeña carcajada.

Agus: Seis… Y seguramente podrían existir muchas más.

Tina: Fíjate en algo curioso. Hace apenas unos minutos estabas convencido de que la explicación era evidente. Ahora no solo has encontrado varias. Las has encontrado tú mismo.

Agus volvió a mirar el periódico. Por primera vez desde que lo había recogido, ya no veía únicamente una fotografía. Veía una pregunta. Y, cuanto más la observaba, más consciente era de que la imagen contenía mucha menos información de la que había creído al principio.

Agus: Empiezo a sospechar que mi cerebro tiene prisa por completar los huecos.

Tina sonrió.

Tina: Tu cerebro… y el mío.

Agus: ¿El tuyo también?

Tina: El de todos.

Reanudaron el paseo mientras el sendero bordeaba un pequeño estanque. Unos niños daban de comer a los patos bajo la mirada distraída de sus padres.

Tina: Nuestro cerebro está constantemente construyendo historias.

Agus: ¿Historias?

Tina: Sí. Vemos unos pocos datos y enseguida intentamos unirlos para formar una explicación coherente. Es una capacidad extraordinaria. Gracias a ella entendemos el mundo con rapidez.

Agus: Entonces… ¿el problema no es construir explicaciones?

Tina: No. El problema empieza cuando confundimos nuestras explicaciones con los propios hechos.

Agus volvió a mirar el periódico.

Agus: Creo que eso fue exactamente lo que hice.

Permanecieron unos instantes en silencio. Después Agus señaló la fotografía.

Agus: Pero si una explicación parece la más probable… ¿no es razonable aceptarla?

Tina: Depende.

Agus: ¿De qué?

Tina: De cuántas pruebas tengas.

Agus levantó una ceja.

Agus: ¿No basta con que sea una explicación lógica?

Tina: Hay muchísimas explicaciones lógicas que son falsas.

Agus: Dame un ejemplo.

Tina señaló un coche aparcado junto al parque.

Tina: Imagina que mañana intentas arrancar tu coche y no responde.

Agus: Pensaría que se ha descargado la batería.

Tina: ¿Y podría ser otra cosa?

Agus: Claro. Podría haberse averiado el motor de arranque. O el alternador. O algún fusible. O incluso que me hubiera dejado una luz encendida durante toda la noche.

Tina: Exactamente. ¿Sería absurdo pensar en la batería?

Agus: No. Es probablemente la primera posibilidad que se me ocurriría.

Tina: Pero un buen mecánico no cambia la batería inmediatamente. Primero la comprueba.

Agus: Porque quiere saber si esa explicación es correcta.

Tina: Exacto.

Agus permaneció pensativo.

Agus: Entonces una buena explicación no es la primera que se nos ocurre. Es la primera que consigue superar las comprobaciones.

Tina: Muy bien.

Siguieron caminando. El parque empezaba a vaciarse lentamente. Una pareja de ancianos pasaba junto a ellos comentando el tiempo mientras un corredor cruzaba el sendero en dirección contraria. De pronto Agus volvió a detenerse.

Agus: Espera. Creo que ahora entiendo por qué hay tantas discusiones en política.

Tina: ¿Por qué?

Agus: Porque muchas personas parten del mismo hecho… pero cada una elige una explicación distinta.

Tina: Y hasta ahí no hay nada extraño. Lo extraño sería que dejaran de buscar pruebas una vez elegida.

Agus: ¿Quieres decir que muchas veces primero elegimos la explicación… y luego buscamos argumentos para defenderla?

Tina sonrió.

Tina: ¿Te parece una posibilidad razonable?

Agus soltó una carcajada.

Agus: ¡Ja, ja, ja, ja! Muchísimo más frecuente de lo que me gustaría reconocer.

Continuaron andando unos metros. Agus seguía sosteniendo el periódico. Ya apenas miraba la fotografía. Ahora parecía mirar a través de ella.

Agus: Antes has dicho que necesitábamos más pruebas. ¿Qué clase de pruebas?

Tina: Depende de la pregunta que quieras responder.

Agus: En este caso… ¿Por qué había menos asistentes?

Tina: Entonces empezaríamos a reunir información. No una. Toda la que pudiéramos.

Agus: ¿Por ejemplo?

Tina: Compararíamos la asistencia de varios años, no solo de uno. Estudiaríamos si hubo una única convocatoria o varias. Analizaríamos encuestas. Leeríamos las explicaciones ofrecidas por distintos organizadores. Buscaríamos estudios sociológicos. Examinaríamos el contexto político y social de esos años. Intentaríamos averiguar si distintas fuentes independientes coinciden o discrepan.

Agus escuchaba atentamente.

Agus: O sea… No buscamos una prueba definitiva. Buscamos muchas pruebas pequeñas que, juntas, formen un cuadro más completo.

Tina asintió.

Tina: Exactamente. La realidad rara vez cabe dentro de una única fotografía.

Agus bajó lentamente el periódico.

Agus: Empiezo a darme cuenta de algo.

Tina: ¿De qué?

Agus: Antes creía que pensar consistía en encontrar respuestas rápidas. Ahora sospecho que pensar consiste, sobre todo, en hacer mejores preguntas.

Tina no respondió. Simplemente sonrió. Porque aquella respuesta ya no la había encontrado ella. La había encontrado Agus.

Agus: Hay algo que todavía me inquieta.

Tina: Cuéntamelo.

Agus: Imagina que, después de reunir toda esa información, la mayoría de las pruebas parecen apuntar hacia una explicación concreta. ¿Podemos decir entonces que ya sabemos la verdad?

Tina levantó la vista hacia las ramas de un viejo plátano. Algunas hojas empezaban a amarillear.

Tina: Déjame responderte con otra pregunta. Si un médico, después de explorarte, pedir varias pruebas y revisar tu historial, concluye que tienes una determinada enfermedad… ¿crees que está absolutamente seguro?

Agus: Supongo que no. Siempre puede aparecer un dato nuevo.

Tina: Exacto. Sin embargo, eso no significa que todas las enfermedades sean igual de probables.

Agus: Claro que no.

Tina: Pues con las explicaciones ocurre algo parecido. Rara vez alcanzamos una certeza absoluta. Pero sí podemos llegar a tener explicaciones mucho mejor fundamentadas que otras.

Agus permaneció unos segundos pensativo.

Agus: O sea… No se trata de elegir la explicación perfecta. Se trata de elegir la mejor respaldada por las pruebas disponibles.

Tina: Exactamente.

Continuaron caminando. El parque empezaba a teñirse de los tonos anaranjados del atardecer. Las conversaciones se hacían más escasas a medida que las familias regresaban a sus casas.

Agus: Entonces entiendo por qué los científicos hablan siempre de evidencias. Nunca dicen: «esto queda demostrado para siempre».

Tina: Porque saben que el conocimiento puede mejorar.

Agus: Antes pensaba que cambiar de opinión era un signo de debilidad. Ahora empiezo a sospechar que, a veces, ocurre justamente lo contrario.

Tina sonrió.

Tina: ¿Qué requiere más valor? ¿Aferrarse a una idea porque siempre la has defendido… …o reconocer que las pruebas ya no la sostienen?

Agus tardó unos segundos en responder.

Agus: Lo segundo. Y bastante más.

Llegaron a un pequeño puente de madera que cruzaba el estanque. Ambos se apoyaron sobre la barandilla observando cómo el agua reflejaba el cielo. Agus seguía dándole vueltas a la conversación.

Agus: Hay algo curioso.

Tina: ¿Qué has descubierto ahora?

Agus: Que al principio estaba convencido de que la fotografía respondía una pregunta. Ahora veo que, en realidad……la fotografía hace una pregunta.

Tina lo miró con satisfacción.

Tina: ¿Cuál?

Agus: ¿Por qué ocurrió esto? Y esa pregunta no puede responderse mirando únicamente la fotografía. Necesitamos muchas más cosas.

Tina: Exactamente. Las buenas preguntas suelen exigir más de una prueba.

Guardaron silencio unos instantes. Una bandada de estorninos cruzó el cielo formando figuras cambiantes. Agus siguió observándolos hasta que desaparecieron. Después habló casi para sí mismo.

Agus: Creo que ya entiendo por qué personas inteligentes pueden discrepar honestamente.

Tina: Explícamelo.

Agus: Porque quizá compartan exactamente los mismos hechos……pero no concedan el mismo peso a las mismas evidencias.

Tina: Esa observación es muy importante.

Agus: Aunque también habrá personas que ni siquiera compartan los mismos hechos.

Tina: También ocurre. Y entonces la conversación se vuelve todavía más difícil.

Agus respiró hondo.

Agus: Al principio de nuestro paseo pensaba que este periódico hablaba sobre una manifestación. Ahora me parece que habla sobre algo mucho más grande.

Tina: ¿Sobre qué?

Agus dobló cuidadosamente el periódico y volvió a dejarlo sobre el mismo banco donde lo había encontrado. Después contempló durante unos segundos el sendero que continuaba perdiéndose entre los árboles.

Agus: Sobre lo fácil que resulta confundir una explicación con un hecho.

Tina sonrió. No añadió nada. No hacía falta.

Siguieron caminando. El banco desapareció poco a poco entre los árboles. También desapareció el periódico. Pero la pregunta que había despertado los acompañaría mucho más tiempo. Porque, en realidad, aquella tarde nunca había tratado sobre una manifestación concreta. Había tratado sobre algo que todos hacemos casi sin darnos cuenta. Ver un hecho. Inventar una explicación. Y olvidar, durante unos instantes, que ambas cosas no son lo mismo.

Agus: Tina…

Tina: Dime.

Agus: Creo que hoy no he aprendido qué pensar sobre una manifestación. He aprendido algo mucho más útil.

Tina: ¿El qué?

Agus sonrió mientras ambos desaparecían lentamente al final del sendero.

Agus: Que los hechos merecen nuestro respeto. Pero las explicaciones… …tienen que ganárselo.

A. Barahona

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