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¿Quién ganó realmente el debate? (III)

(Serie: «Para adolescentes»)

Las trampas del razonamiento: cuando un argumento parece bueno… pero no lo es

No todos los errores del pensamiento son evidentes. Algunos parecen perfectamente razonables… hasta que los examinamos con cuidado.

Agus: Ayer me dejaste con una palabra nueva.

Tina: ¿Cuál?

Agus: Falacias.

Tina: ¿Qué crees que significa?

Agus: Ni idea.

Tina: Entonces empecemos por una pregunta. Si dos caminos parecen iguales al principio, ¿significa eso que llevan al mismo lugar?

Agus: No necesariamente.

Tina: ¿Cómo podríamos saberlo?

Agus: Tendríamos que recorrerlos.

Tina: Exactamente. Con los razonamientos ocurre lo mismo. Dos argumentos pueden empezar pareciendo igual de convincentes y, sin embargo, uno conducir a una conclusión correcta y el otro acabar en un error.

Agus: Entonces una falacia sería… un camino que parece bueno, pero acaba llevándonos donde no queríamos.

Tina: Me gusta mucho esa definición.


Tina: Imagina ahora dos argumentos casi iguales.

Agus: Vale.

Tina: El primero está construido correctamente.

Agus: Bien.

Tina: El segundo contiene un pequeño error casi invisible.

Agus: ¿Solo uno?

Tina: Solo uno.

Agus: ¿Y puede cambiar toda la conclusión?

Tina: Igual que una sola gota de tinta puede terminar coloreando todo un vaso de agua.

Agus: Nunca había pensado que un error tan pequeño pudiera tener consecuencias tan grandes.


Tina: Vamos a hacer una prueba.

Agus: Adelante.

Tina: Alguien dice: «No hagas caso a ese científico. Es una persona muy antipática.»

Agus: Eso no demuestra que esté equivocado.

Tina: ¿Qué se está juzgando?

Agus: A la persona.

Tina: ¿Y qué habría que juzgar realmente?

Agus: Sus argumentos.

Tina: Exactamente.

Agus: Entonces atacar a una persona no responde a la pregunta de si su idea es correcta.

Tina: Acabas de descubrir una de las trampas más frecuentes del razonamiento.


Agus: Empiezo a entenderlo.

Tina: Cuéntamelo.

Agus: Una falacia no tiene por qué ser una mentira.

Tina: Exacto.

Agus: Puede ser simplemente un razonamiento que parece correcto, pero que contiene un error.

Tina: Muy bien.

Agus: Y cualquiera puede cometerlo.

Tina: Incluso tú.

Agus: Incluso tú.

Tina: Sin ninguna duda.

Agus: Entonces aprender a reconocer falacias no consiste en ir señalando los errores de los demás.

Tina: ¿En qué consiste?

Agus: En aprender a descubrir los míos antes de que me engañen.

Tina: Ése es el verdadero comienzo del pensamiento crítico.

Agus: ¿Y ya estamos preparados para volver al debate entre Skylar y Ferrero?

Tina: Casi. En el próximo artículo utilizaremos estas herramientas para analizar algunos de sus argumentos. Entonces veremos que juzgar un debate es mucho más interesante —y mucho más difícil— de lo que parecía al principio.

(Continúa en la parte IV)

A. Barahona

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