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¿Quién ganó realmente el debate? (II)

(Serie: «Para adolescentes»)

¿Qué convierte un argumento en un buen argumento?

Todos damos argumentos. Pero ¿cómo distinguimos uno bueno de uno malo?

Agus: Llevo dándole vueltas desde ayer.

Tina: ¿A qué exactamente?

Agus: Dijiste que antes de decidir quién ganó un debate necesitábamos aprender a reconocer un buen argumento.

Tina: Sí.

Agus: Pero… ¿qué es exactamente un argumento?

Tina: Buena pregunta. Vamos a descubrirlo juntos.

Agus: Adelante.

Tina: Si yo dijera simplemente: «Los gatos son los mejores animales del mundo», ¿eso sería un argumento?

Agus: No. Es solo una opinión.

Tina: ¿Y si añadiera: «Porque son muy independientes»?

Agus: Ahora ya estás dando una razón.

Tina: Exacto. Un argumento siempre intenta responder a una pregunta muy sencilla.

Agus: ¿Cuál?

Tina: «¿Por qué debería creerte?»

Tina: Imagina que alguien afirma: «La Tierra es plana».

Agus: Ya empezamos…

Tina: Ten paciencia. Si esa persona añade: «Porque desde la playa el mar parece completamente plano», ¿ya ha construido un argumento?

Agus: Sí.

Tina: ¿Y eso significa que tenga razón?

Agus: No.

Tina: Entonces acabamos de descubrir otra cosa importante.

Agus: ¿El qué?

Tina: Que un argumento puede existir aunque sea incorrecto.

Agus: O sea, que tener un argumento no basta.

Tina: Exactamente.

Agus: Entonces… ¿qué hace que un argumento sea bueno?

Tina: Antes responde tú a otra pregunta.

Agus: A ver.

Tina: Si alguien quiere convencerte de algo, ¿preferirías que se apoyara en pruebas o en ocurrencias?

Agus: En pruebas.

Tina: ¿Y en hechos o en rumores?

Agus: En hechos.

Tina: ¿Y en razonamientos que encajan unos con otros o en frases sueltas?

Agus: En razonamientos.

Tina: Entonces ya conocías la respuesta.

Agus: ¿Sin darme cuenta?

Tina: Muchas veces sabemos más de lo que creemos. Solo necesitamos ordenar nuestras ideas.

Agus: Creo que empiezo a entenderlo.

Tina: Cuéntamelo.

Agus: Un buen argumento no es el que suena más convincente.

Tina: Sigue.

Agus: Es el que está apoyado en buenas razones.

Tina: Muy bien.

Agus: Y esas razones deberían basarse en hechos comprobables, pruebas fiables y un razonamiento que no tenga contradicciones.

Tina: Ése es un excelente comienzo.

Agus: ¿Y entonces por qué tantas veces nos convencen argumentos malos?

Tina: Porque nuestro cerebro no solo escucha razones. También reacciona a las emociones, a la seguridad con la que habla alguien, al prestigio de quien lo dice o a lo mucho que deseamos que sea verdad.

Agus: Así que… incluso cuando creemos estar razonando, podemos estar dejándonos llevar por otras cosas.

Tina: Exactamente.

Agus: Tengo la impresión de que eso explica muchas discusiones de Internet.

Tina: Y también muchas conversaciones fuera de Internet.

Agus: Entonces el siguiente paso será aprender a detectar esos errores.

Tina: Sí. Tienen un nombre muy curioso.

Agus: ¿Cuál?

Tina: Falacias.

Agus: Me temo que esa palabra va a dar bastante trabajo.

Tina: También muchas satisfacciones. Porque, una vez aprendes a reconocer una falacia, empiezas a verla por todas partes.

(Continúa en la parte III)

A. Barahona

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