(Serie: «Para adolescentes»)
¿Qué convierte un argumento en un buen argumento?
Todos damos argumentos. Pero ¿cómo distinguimos uno bueno de uno malo?

Agus: Llevo dándole vueltas desde ayer.
Tina: ¿A qué exactamente?
Agus: Dijiste que antes de decidir quién ganó un debate necesitábamos aprender a reconocer un buen argumento.
Tina: Sí.
Agus: Pero… ¿qué es exactamente un argumento?
Tina: Buena pregunta. Vamos a descubrirlo juntos.
Agus: Adelante.
Tina: Si yo dijera simplemente: «Los gatos son los mejores animales del mundo», ¿eso sería un argumento?
Agus: No. Es solo una opinión.
Tina: ¿Y si añadiera: «Porque son muy independientes»?
Agus: Ahora ya estás dando una razón.
Tina: Exacto. Un argumento siempre intenta responder a una pregunta muy sencilla.
Agus: ¿Cuál?
Tina: «¿Por qué debería creerte?»

Tina: Imagina que alguien afirma: «La Tierra es plana».
Agus: Ya empezamos…
Tina: Ten paciencia. Si esa persona añade: «Porque desde la playa el mar parece completamente plano», ¿ya ha construido un argumento?
Agus: Sí.
Tina: ¿Y eso significa que tenga razón?
Agus: No.
Tina: Entonces acabamos de descubrir otra cosa importante.
Agus: ¿El qué?
Tina: Que un argumento puede existir aunque sea incorrecto.
Agus: O sea, que tener un argumento no basta.
Tina: Exactamente.

Agus: Entonces… ¿qué hace que un argumento sea bueno?
Tina: Antes responde tú a otra pregunta.
Agus: A ver.
Tina: Si alguien quiere convencerte de algo, ¿preferirías que se apoyara en pruebas o en ocurrencias?
Agus: En pruebas.
Tina: ¿Y en hechos o en rumores?
Agus: En hechos.
Tina: ¿Y en razonamientos que encajan unos con otros o en frases sueltas?
Agus: En razonamientos.
Tina: Entonces ya conocías la respuesta.
Agus: ¿Sin darme cuenta?
Tina: Muchas veces sabemos más de lo que creemos. Solo necesitamos ordenar nuestras ideas.

Agus: Creo que empiezo a entenderlo.
Tina: Cuéntamelo.
Agus: Un buen argumento no es el que suena más convincente.
Tina: Sigue.
Agus: Es el que está apoyado en buenas razones.
Tina: Muy bien.
Agus: Y esas razones deberían basarse en hechos comprobables, pruebas fiables y un razonamiento que no tenga contradicciones.
Tina: Ése es un excelente comienzo.
Agus: ¿Y entonces por qué tantas veces nos convencen argumentos malos?
Tina: Porque nuestro cerebro no solo escucha razones. También reacciona a las emociones, a la seguridad con la que habla alguien, al prestigio de quien lo dice o a lo mucho que deseamos que sea verdad.
Agus: Así que… incluso cuando creemos estar razonando, podemos estar dejándonos llevar por otras cosas.
Tina: Exactamente.
Agus: Tengo la impresión de que eso explica muchas discusiones de Internet.
Tina: Y también muchas conversaciones fuera de Internet.
Agus: Entonces el siguiente paso será aprender a detectar esos errores.
Tina: Sí. Tienen un nombre muy curioso.
Agus: ¿Cuál?
Tina: Falacias.
Agus: Me temo que esa palabra va a dar bastante trabajo.
Tina: También muchas satisfacciones. Porque, una vez aprendes a reconocer una falacia, empiezas a verla por todas partes.
A. Barahona