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¿Es el universo un holograma mental?

Cómo aprender a analizar una teoría fascinante sin dejar de pensar por uno mismo

Introducción

Cada día aparecen en internet vídeos que prometen cambiar nuestra forma de entender el universo. Algunos aseguran que la física ha demostrado que vivimos en una simulación. Otros afirman que el tiempo no existe. Y otros, como los del filósofo Bernardo Kastrup, sostienen que la realidad no está formada por materia, sino por una inmensa Conciencia Universal.

Muchas de estas ideas son apasionantes. Algunas están apoyadas por argumentos muy interesantes. Otras son más discutibles. Pero todas tienen algo en común: nos obligan a pensar. Ése será precisamente el objetivo de este artículo.

No vamos a intentar convencerte de que Bernardo Kastrup tenga razón. Tampoco vamos a intentar demostrar que esté equivocado. Vamos a hacer algo mucho más útil. Vamos a aprender a analizar una teoría con espíritu crítico. Porque una idea fascinante merece algo mejor que un aplauso……y también algo mejor que un rechazo inmediato. Merece preguntas.

Para ello acompañaremos a Agus y a Tina en una conversación al estilo de los antiguos diálogos platónicos de Sócrates. Agus acaba de descubrir las ideas de Bernardo Kastrup en internet y está entusiasmado. Tina no pretende darle las respuestas. Solo quiere ayudarle a hacerse las preguntas adecuadas.

Quizá, al terminar de leer, no pienses exactamente igual que antes. Y ésa será una magnífica noticia. No porque hayas cambiado de opinión. Sino porque habrás aprendido a construirla por ti mismo.

Diálogo socrático

Agus: ¡Hola, Tina! Acabo de ver un vídeo fascinante sobre Bernardo Kastrup. Dice que la materia no es la base del universo. En realidad, todo sería de naturaleza mental y nosotros seríamos como pequeñas olas dentro de una inmensa Conciencia Universal. ¡Me ha parecido increíble!

Tina: Suena muy interesante. Pero antes de hablar de esa teoría, déjame hacerte una pregunta. Cuando dices que el vídeo «demuestra» esa idea… ¿qué significa exactamente «demostrar»?

Agus: Pues… que presenta pruebas. Que demuestra que la materia no puede ser el fundamento último de la realidad.

Tina: ¿Y una demostración científica y una interpretación filosófica son exactamente la misma cosa?

Agus: Nunca me lo había preguntado. Supongo que sí… ¿o no?

Tina: Piénsalo un momento. Cuando un físico mide la masa de un electrón, obtiene un dato. Pero cuando alguien intenta responder qué es realmente un electrón o qué es la realidad en su nivel más profundo… ¿sigue haciendo la misma clase de trabajo?

Agus: Ahora que lo dices… No exactamente. Una cosa parece ser un hecho observado. La otra intenta explicar qué significan esos hechos.

Tina: Exactamente. Ésa es una de las herramientas más importantes que podemos aprender hoy. Los mismos hechos pueden admitir distintas interpretaciones filosóficas. Y distinguir entre ambas cosas es fundamental.

Agus: Entonces… ¿la teoría de Kastrup no pretende cambiar los experimentos de la física?

Tina: No. Acepta prácticamente los mismos resultados experimentales que acepta cualquier físico. Lo que propone es una interpretación distinta de lo que esos resultados significan. Y eso nos lleva a una pregunta muy importante. ¿Estamos hablando de una explicación científica nueva……o de una interpretación filosófica de los mismos datos?

Agus: Nunca lo había visto así. Creía que estaba proponiendo una física completamente distinta.

Tina: Muchas personas tienen esa impresión al principio. Pero distinguir entre hechos e interpretaciones nos ayuda a entender mejor el debate. Y recuerda esta idea, porque puede servirte durante toda la vida. No siempre que alguien presenta una teoría nueva está presentando hechos nuevos. A veces está proponiendo una forma nueva de interpretar los hechos que ya conocíamos.

Agus: Una de las cosas que más me convenció fue una comparación que utiliza Kastrup. Dice que nuestros sentidos funcionan como la pantalla de un teléfono móvil. Cuando pulsas un icono, no estás viendo lo que ocurre realmente dentro del teléfono. Solo ves una representación sencilla que te permite utilizarlo. Según él, con el universo ocurre lo mismo.

Tina: Es una comparación muy ingeniosa. Déjame proponerte otra.

Imagina que una persona se cubre completamente con una sábana gruesa. Tú no puedes verla directamente. Pero puedes rodearla, observar su silueta e incluso tocar la sábana. ¿Crees que podrías hacerte una idea aproximada de cómo es esa persona?

Agus: Claro. No distinguiría su cara. Pero sí su altura, su tamaño o la forma de su cuerpo.

Tina: Exactamente. La sábana oculta muchos detalles. Pero conserva la estructura general. Ahora piensa en otra cosa. Si nuestra percepción del mundo fuera completamente arbitraria, sin ninguna relación con la realidad… ¿cómo habría conseguido sobrevivir nuestra especie?

Agus: Pues… Sería muy difícil. Si viéramos las cosas de una forma totalmente equivocada, nos equivocaríamos continuamente.

Tina: Exactamente. Un animal necesita calcular distancias. Encontrar alimento. Escapar de un depredador. Reconocer peligros. Todo eso exige que su representación del mundo conserve, al menos en gran parte, la estructura de la realidad.

Agus: Entonces nuestros sentidos no tienen por qué mostrarnos el universo exactamente como es… Pero tampoco pueden inventárselo casi todo.

Tina: Muy bien. Ésa es una conclusión mucho más prudente. Nuestra percepción puede simplificar. Puede dejar fuera muchos detalles. Incluso puede engañarnos en algunas ocasiones. Pero la evolución solo puede favorecer una representación que mantenga suficiente semejanza con el mundo como para permitirnos vivir en él.

Agus: Entonces… ¿la comparación del teléfono móvil quizá exagera un poco la diferencia entre la realidad y lo que percibimos?

Tina: Ésa es precisamente una de las críticas que algunos filósofos y científicos hacen a esa analogía. Las analogías son herramientas muy útiles para comprender ideas difíciles. Pero ninguna analogía es perfecta. Y hay una costumbre que merece la pena adquirir. Cuando una comparación nos parece absolutamente brillante… …conviene preguntarse también dónde deja de funcionar.

Agus: Hay una cosa que todavía no entiendo.

Tina: Dime.

Agus: Si nuestros sentidos nunca nos muestran la realidad exactamente como es… …¿significa eso que nunca podremos conocer el mundo de verdad?

Tina: Ésa es una pregunta excelente. Pero antes quiero hacerte otra. Cuando miras un árbol… ¿qué tiene que ocurrir para que puedas verlo?

Agus: Pues… la luz rebota en el árbol, entra en mis ojos y llega hasta el cerebro.

Tina: Exactamente. ¿Y en algún momento de ese proceso tienes un contacto directo con el árbol, sin ningún tipo de interacción?

Agus: No. Siempre hay algo entre el árbol y yo. La luz. Mis ojos. Los nervios. Mi cerebro.

Tina: Muy bien. Y con el oído ocurre algo parecido. Necesitamos ondas sonoras. Con el tacto necesitamos contacto físico. Con el olfato, moléculas que lleguen a la nariz. Con el gusto, sustancias que entren en contacto con la lengua. En todos los casos conocemos el mundo porque interactuamos con él.

Agus: Entonces… ¿no existe un conocimiento completamente «sin intermediarios»?

Tina: Al menos, todo lo que conocemos mediante nuestros sentidos requiere algún tipo de interacción. Por eso muchos filósofos consideran que la pregunta importante no es:

«¿Percibimos la realidad exactamente como es?»

Sino otra mucho más interesante:

«¿Hasta qué punto nuestra manera de percibir conserva la estructura de la realidad?»

Agus: Ahora lo entiendo mejor. No se trata de elegir entre «todo es exacto» o «todo es una ilusión». Puede haber un punto intermedio.

Tina: Exactamente. La realidad suele ser más rica que las respuestas extremas. Y acabas de aprender otra herramienta útil. Cuando dos explicaciones parecen totalmente opuestas……pregúntate si existe una tercera posibilidad que conserve lo mejor de ambas.

Agus: Creo que empiezo a entender la teoría de Kastrup. Pero sigo sin ver cuál es el problema.

Tina: Perfecto. Ha llegado el momento de hacer el examen crítico.Según Kastrup, la realidad última sería una inmensa Conciencia Universal. Lo que llamamos materia sería simplemente la apariencia externa de procesos mentales. ¿Hasta aquí estamos de acuerdo?

Agus: Sí. Creo que ésa es la idea principal.

Tina: Muy bien. Ahora piensa en una palabra muy sencilla. «Mente». Cuando la oyes… ¿qué ideas te vienen a la cabeza?

Agus: Pensar. Imaginar. Sentir. Tomar decisiones. Cambiar de opinión. Crear cosas nuevas.

Tina: Eso mismo pensamos la mayoría de las personas.

Ahora observa el universo. La gravedad actúa hoy igual que ayer. Los planetas siguen órbitas que podemos calcular con enorme precisión. Los átomos de hidrógeno se comportan igual aquí que en una galaxia situada a millones de años luz. ¿Qué tienen en común todos esos ejemplos?

Agus: Que siguen reglas muy estables.

Tina: Exactamente. Y ahora aparece una pregunta interesante. Si el universo fuera la manifestación de una mente… ¿cómo explicaríamos esa regularidad tan extraordinaria?

(Agus permanece pensativo.)

Agus: Nunca lo había pensado. Cuando imagino una mente, imagino algo creativo y cambiante. Pero las leyes de la naturaleza parecen increíblemente constantes.

Tina: Esa observación no demuestra que Kastrup esté equivocado. Es importante decirlo con claridad. Pero sí plantea una pregunta que cualquier teoría debería intentar responder.

Agus: ¿Cuál?

Tina: Si llamamos «Conciencia Universal» a una realidad que siempre actúa siguiendo las mismas leyes… ¿qué nos ayuda a comprender esa expresión que no comprendiéramos ya llamándola simplemente «naturaleza»?

Agus: Entiendo. No basta con cambiar el nombre de algo. Hay que explicar qué aporta ese nombre nuevo.

Tina: Exactamente. Una teoría gana fuerza cuando no solo cambia las palabras. También debe ayudarnos a comprender mejor la realidad. O permitirnos descubrir algo que antes no sabíamos.

Agus: Y si no ocurre ninguna de esas dos cosas…

Tina: Entonces conviene preguntarse si estamos ante una explicación nueva… …o ante una manera distinta de describir los mismos hechos.

Y aquí tienes otra herramienta para pensar. Cuando una teoría introduce un concepto nuevo, pregúntate siempre:

«¿Qué explica este concepto que no pudiera explicarse antes?»

Si la respuesta es clara, probablemente el concepto sea útil. Si no lo es, merece seguir siendo examinado.

Agus: Entonces… ¿la teoría de Kastrup es falsa?

Tina: Yo no diría eso.

Agus: ¿Por qué?

Tina: Porque todavía no hemos encontrado un argumento que permita demostrar que sea falsa. Pero tampoco uno que permita demostrar que sea verdadera. Y eso es importante. No todas las preguntas tienen una respuesta definitiva.

Agus: Entonces… ¿qué hacemos mientras tanto?

Tina: Lo mismo que hace la buena ciencia y la buena filosofía. Seguimos preguntando. Seguimos buscando argumentos. Y seguimos dispuestos a cambiar de opinión si aparecen razones mejores.

Agus: O sea… No se trata de elegir un bando. Se trata de seguir investigando.

Tina: Exactamente. Las mejores preguntas rara vez terminan con un «caso cerrado». Lo habitual es que abran nuevas preguntas. Y eso no es un fracaso. Es precisamente lo que hace avanzar el conocimiento.

Agus: Hay una cosa que me llama la atención.

Tina: ¿Cuál?

Agus: Si la teoría de Kastrup tiene puntos discutibles… ¿Por qué tanta gente inteligente la encuentra tan interesante?

Tina: Ésa es una pregunta muy importante. Porque una teoría no tiene por qué ser completamente correcta para aportar ideas valiosas.

Agus: ¿Qué idea te parece más valiosa?

Tina: Su crítica a una forma muy concreta de entender el materialismo. Durante mucho tiempo, algunas personas pensaron que bastaba con estudiar el cerebro para explicar completamente la conciencia. Pero apareció una dificultad filosófica muy profunda.

Agus: ¿Cuál?

Tina: Imagina que un neurocientífico pudiera describir con absoluta precisión todo lo que ocurre en tu cerebro mientras escuchas una melodía. Conocería cada impulso eléctrico. Cada neurona. Cada conexión. Ahora pregúntate algo. ¿Habría explicado también por qué tú sientes esa melodía?

Agus: Creo que no. Habría explicado lo que ocurre en mi cerebro. Pero no por qué yo experimento la música.

Tina: Exactamente. Ése es uno de los grandes problemas abiertos de la filosofía de la mente. Se conoce como el Problema Difícil de la Conciencia. No consiste en explicar cómo funciona el cerebro. Consiste en comprender por qué existe la experiencia subjetiva. ¿Por qué el color rojo se siente como rojo? ¿Por qué el dolor duele? ¿Por qué una melodía puede emocionarnos? Todavía no tenemos una respuesta aceptada por todos.

Agus: Entonces Kastrup tiene razón al decir que aún quedan preguntas importantes por responder.

Tina: En eso, muchos filósofos y científicos estarían de acuerdo con él. Reconocer que todavía no entendemos completamente la conciencia no significa aceptar cualquier explicación. Significa admitir, con honestidad, que el problema sigue abierto.

Agus: Me gusta esa forma de verlo. Es más humilde.

Tina: La humildad intelectual no consiste en saber poco. Consiste en reconocer con sinceridad lo que todavía no sabemos. Y ésa es otra herramienta que merece la pena conservar. Cuando alguien afirme haber resuelto definitivamente uno de los mayores misterios de la ciencia o de la filosofía……merece la pena escucharle. Pero también merece la pena hacerle muchas preguntas.

Agus: Creo que ya puedo resumir lo que he aprendido hoy.

Tina: Adelante.

Agus: Primero, que una teoría puede ser muy sugerente sin que por ello esté demostrada.

Segundo, que no es lo mismo un hecho que una interpretación de ese hecho.

Tercero, que una buena analogía ayuda a pensar, pero nunca sustituye a un argumento.

Cuarto, que cambiar el nombre de algo no basta para explicarlo mejor.

Y quinto… Que todavía sabemos muchísimo menos sobre la conciencia de lo que yo imaginaba.

Tina: No podría resumirlo mejor. Pero me gustaría añadir una última idea.

Agus: ¿Cuál?

Tina: Que durante toda nuestra conversación no hemos intentado ganar una discusión. Hemos intentado comprender mejor una teoría. Y hay una diferencia enorme entre esas dos cosas.

Agus: Es verdad. Al principio quería saber si Kastrup tenía razón. Ahora me interesa mucho más entender qué preguntas debemos hacer antes de decidirlo.

Tina: Entonces la conversación ha cumplido su objetivo. Porque aprender a pensar no consiste en memorizar respuestas. Consiste en aprender a formular las preguntas que realmente importan.

(Agus sonríe.)

Agus: Creo que ahora entiendo mejor por qué te gusta tanto la filosofía.

Tina: Me gusta porque intenta encontrar la pregunta correcta. Y también me gusta la ciencia. Porque dedica un enorme esfuerzo a buscar las mejores respuestas posibles mediante la observación, la experimentación y la razón. Las dos persiguen el mismo horizonte. Comprender un poco mejor la realidad. Cada una con sus propias herramientas.

Agus: Entonces… ¿la filosofía y la ciencia son rivales?

Tina: En absoluto. Cuando trabajan bien, son compañeras de viaje. La filosofía nos ayuda a examinar nuestras ideas, nuestros conceptos y nuestros razonamientos. La ciencia pone a prueba nuestras explicaciones mediante la evidencia. Separadas pueden avanzar. Pero juntas han permitido algunos de los mayores progresos de la humanidad.

(Durante unos segundos, ambos permanecen en silencio contemplando el cielo.)

Agus: Tina… Hoy no solo he aprendido cosas sobre Bernardo Kastrup. Creo que he aprendido una forma distinta de escuchar cualquier teoría.

Tina: Si eso es cierto… Entonces esta conversación ha merecido la pena.

Epílogo

Quizá, después de leer este diálogo, sigas pensando que Bernardo Kastrup tiene razón. Quizá pienses justamente lo contrario. O quizá aún no tengas una opinión formada. Las tres posibilidades son perfectamente razonables. Lo importante no es llegar deprisa a una conclusión. Lo importante es que esa conclusión sea el resultado de haber reflexionado con calma, de haber examinado los argumentos y de estar dispuesto a cambiar de opinión si aparecen razones mejores.

El pensamiento crítico no consiste en desconfiar de todo. Consiste en aprender a distinguir entre lo que sabemos, lo que creemos saber y lo que todavía ignoramos. Ésa es una de las herramientas más valiosas que pueden ofrecernos tanto la filosofía como la ciencia. Y quizá también una de las más necesarias para vivir en un mundo lleno de ideas fascinantes.


Para seguir investigando

  • Bernardo Kastrup. Analytic Idealism. Una exposición sistemática de su propuesta filosófica sobre la conciencia como fundamento de la realidad.
  • David J. Chalmers. Facing Up to the Problem of Consciousness (1995). El artículo que popularizó la expresión «Problema Difícil de la Conciencia» y que sigue siendo una referencia imprescindible en filosofía de la mente.
  • Si deseas profundizar todavía más, compara las propuestas de distintos autores antes de formarte una opinión. La filosofía y la ciencia avanzan precisamente gracias al diálogo entre ideas diferentes.

Una última invitación

La próxima vez que encuentres una teoría que parezca explicar el universo entero, no te apresures a creerla. Pero tampoco te apresures a rechazarla. Haz algo mucho más interesante. Pregúntate:

  • ¿Qué hechos intenta explicar?
  • ¿Qué interpretación propone de esos hechos?
  • ¿Qué argumentos presenta?
  • ¿Podría existir otra explicación igualmente compatible con las mismas observaciones?
  • ¿Qué tendría que ocurrir para que cambiara de opinión?

Si terminas este artículo haciéndote esas preguntas con naturalidad……habrás aprendido algo mucho más valioso que una teoría concreta. Habrás dado un pequeño paso en el arte de pensar.

A. Barahona

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